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Ocho ensayos editados por los historiadores Manuel Llorca-Jaña y Diego Barría completan el segundo tomo de la historia de las empresas y los empresarios en Chile durante el siglo XX. Cuáles han sido (y son) sus alianzas y cómo se comportan son parte de esta innovación historiográfica en Chile.

Captura de pantalla 2018 03 16 a las 2.07.38 PMPocas veces en Chile se ha estudiado el rol social de los empresarios. Pocas veces se ha dimensionado en su justa medida, cuál ha sido el rol jugado por un sector social ajeno a gran parte de la población, pero de tanta influencia a nivel político y cultural, más allá de su obvia contribución económica.

Manuel Llorca-Jaña y Diego Barría doctores en historia económica de la Universidad de Santiago y recientemente publicaron “Empresas y empresarios en la historia de Chile: 1930-2015”, segundo tomo y continuación de “Empresas y empresarios en la historia de Chile: 1810-1930”.

Ambos libros han subsanado de alguna forma un vacío histórico, ya que la tarea académica de estudiar y publicar acerca del comportamiento e importancia de los empresarios como sujetos históricos y sociales ha sido hasta ahora una de las facetas menos explotadas de la historia de Chile.

Asimismo, cabe destacar que estos libros han nacido al alero de las investigaciones sobre historia empresarial en Chile por parte del Departamento de Gestión de Políticas Públicas de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago.

Ocho ensayos editados por Manuel Llorca-Jaña y Diego Barría recorren con perspectivas amplias cómo el empresariado chileno conformó sus redes de intercambio a nivel nacional e internacional, así como sus comportamientos al momento de innovar en tecnología y posicionamiento según las crisis o contextos políticos de cada gobierno a través del siglo XX.

Los mismos autores apelan a la importancia de acercarnos como lectores a la historia empresarial del país a propósito de los escándalos de corrupción de los últimos años, tales como los casos de colusión de las farmacias, del papel higiénico, los pollos, y el polémico caso “La Polar”.

Y no solo eso, ya que la historia empesarial en Chile permite entender cómo estos se adaptan y responden a momentos de crisis, cómo forjan sus alianzas y de qué manera innovan a nivel tecnológico y administrativo.

Si en el primer tomo los autores presentaron las dinámicas empresariales en función de la formación del Estado durante el siglo XIX y cómo experimentaron sus primeros ciclos de crecimiento y exportación, en este segundo tomo se analiza la adaptación y las alianzas establecidas entre empresarios, así como la fraterna y constante alianza entre esta clase y los políticos.

Y a pesar de los grandes cambios tecnológicos globales del siglo XX y durante los últimos quince años, Manuel Llorca-Jaña, profesor de historia y empresarial en la Facultad de Economía de la Universidad de Santiago, estima que “es difícil destacar un período de innovación tecnológica puramente local, ya que el empresariado chileno no se ha caracterizado por ser particularmente innovador”. Como excepción a esta afirmación, Llorca-Jaña enfatiza en que “a mediados del siglo XIX existieron algunos empresarios innovadores, como Matías Cousiño en la industria del carbón y el cobre, entre otras, pero son más bien casos esporádicos”. Sin ir muy lejos, el autor afirma que ha sido una constante el hecho de importar tecnología desde el extranjero.

Empresarios y Estado

Un fenómeno transversal en el libro tiene que ver con la relación histórica entre la clase empresarial y el Estado en diferentes momentos y gobiernos del siglo XX. Relación que, además de los réditos económicos, ha permitido la perpetuación de favores e intercambios entre las dos esferas.

Diego Barría, director del Departamento de Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, aclara los antecedentes y discusiones que se dan con el fenómeno de los empresarios que pasan a la política durante un tiempo para luego volver a la actividad empresarial. En este sentido, Diego Barría afirma que durante el gobierno de Jorge Alessandri, entre 1958 y 1964, se realizaron múltiples esfuerzos por llevar a gerentes a posiciones ministeriales. “Lo que hizo Alessadri fue muy comparado con lo que hizo Piñera en su primer gobierno, en el sentido de pensar que gente con habilidades directivas en el mundo empresarial puede funcionar en el sector político”. De hecho, a esta iniciativa de Alessandri se la bautizó en su momento como la “revolución de los gerentes”.

En concordancia con esta idea, Diego Barría dice que “durante el siglo XX hay una participación mucho más activa del Estado al verse involucrado en algunos negocios como socio del sector empresarial”. El autor dice que esto es evidente durante el siglo XX a pesar de que durante el XIX el Estado sí tuvo un rol importante en la economía del país al concentrar empresas monopolísticas como Ferrocarriles del Estado, creada en 1884.

Los grandes cambios a nivel empresarial y de innovación por parte del Estado chileno se evidencian en la creación de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) en 1883 y la fundación de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) en 1939, una década después de la gran crisis de 1929 y en años que fueron problemáticos desde el punto de vista económico y de la inflación.

“Con la irrupción de Corfo lo que se ve son relaciones más estables entre el Estado y grupos de empresarios en la búsqueda de desarrollar la industria local”, aclara Diego Barría.

Otro de los gremios de importancia en el mundo empresarial es la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), que también se dedica a la creación y mantención de iniciativas empresariales. Creada en 1935, la CPC se ha posicionado como una institución fuerte en la toma de deciciones del mundo empresarial. “Como cualquier otra asociación gremial de empresarios, la CPC tiene mucho peso político, lo que digan y hagan impactará sin dudas en la política económica de los gobiernos de turno”, afirma Manuel Llorca-Jaña.

En cuanto a la continuidad de la alianza empresarios-Estado, Diego Barría estima que “el mayor ejemplo se da en la década de los noventa con las concesiones de las autopistas. Desde 1990 el sector privado empieza a ser el motor del desarrollo de la infraestructura y la economía a raíz de las privatizaciones de los años setenta y ochenta”. Según Barría, fue en los noventa cuando el Estado se comenzó a apoyar con evidente y abierta fuerza en los privados para la provisión de servicios públicos”.

Privatización y multinacionales

A nivel económico en los últimos 40 años Chile se ha caracterizado por una profunda privatización de las actividades económicas en comparación con Latinoamérica. Es un hecho que a partir del régimen militar el peso del Estado fue disminuyendo constantemente en el ámbito económico.

Según datos planteados en el libro, hacia 1983 el número de empresas públicas se había se había reducido de 596 a 48, antecedente que demuestra cómo se fue abriendo la economía hacia la privatización y capitalización extranjera.

Bajo esta lógica existen varias empresas chilenas beneficiadas que emprendieron en la capitalización internacional de sus labores.

En el último capítulo del segundo tomo, titulado “Las multinacionales chilenas: contextos, trayectorias, estrategias”, de María Inés Barbero se explora la conformación y consolidación de aquellas empresas chilenas que actúan más allá de las fronteras nacionales. “Estas empresas empiezan a tener una participación muy activa en el mercado latinoamericano como Lan, que pasa a ser Latam, o el mismo posicionamiento de Cencosud”, dice Diego Barría.

Artículo publicado por Cristopher Andrade Miranda en El Mercurio el domingo 4 de marzo 2018.